14/10/07

"Políticos y jueces no se han entendido para recuperar la memoria"


Exhumaciones. El forense ha abierto medio centenar de fosas y considera que la justicia debe implicarse en reparar injusticias.

Un lapicero de grafito es el objeto que con más frecuencia ha encontrado Francisco Etxeberría, profesor de Medicina Forense en la Universidad del País Vasco, en el más de medio centenar de fosas de la represión franquista en cuya exhumación ha participado. Los muertos lo guardaban para escribir, y ese mismo lapicero, cree Etxeberría, es el que hay que utilizar ahora para “expresar su vida”. “Hay que escribir por eso”, asegura. Su trabajo comenzó hace siete años, en una fosa de Priaranza del Bierzo, en León.

¿Cómo ha seguido los debates sobre la ley de memoria histórica?, ¿cómo la ve?

Me puedo expresar en el apartado de las exhumaciones, que se refiere sólo a una parte de la memoria histórica. En cuanto a la ley, me parece bueno que haya una norma que regule lo que estamos haciendo. Nos permitirá superar la alegalidad en la que nos movemos desde 2000, desde que empezamos. Al mismo tiempo el texto dice que se deben implicar las instituciones, y, entre ellas la administración de justicia. La palabra clave es tutela judicial.

A qué se refiere exactamente con tutela judicial?

Nosotros somos técnicos que aportamos nuestra habilidad para el conocimiento de la verdad. Yo puedo tener la verdad científica en mi laboratorio pero tengo que tener traducción. Es decir, con cualquier víctima se tienen que resolver tres cuestiones. El conocimiento de la verdad, la administración de justicia y la reparación. Verdad, justicia y reparación son universales y se tienen que aplicar a todo tiempo y lugar. Hay que aspirar a esto con las víctimas del Franquismo. Así, esa misma tutela que existe en el proceso penal y que da garantías de que ese proceso se ha hecho bien se tendría que poner en marcha a partir de la ley. Hasta ahora, hemos hecho lo que hemos podido, y si esa tutela judicial alcanza también a las familias, que pudieran ir directamente al juzgado e iniciar el proceso, nos daría mayor comodidad en las tareas científicas. E incluso el nivel de exigencia sería mayor.

Por qué dice eso? ¿Se hacen o se han hecho exhumaciones con poco rigor?

No, todo está bien, pero hemos tenido problemas de coordinación en ocasiones. Pero irá cada vez mejor. Y con nuestras exhumaciones hemos desencadenado la ola que nos ha llevado al punto en el que estamos ahora.

La norma que se debate en Madrid no recoge financiación para la exhumación de cadáveres. ¿Es necesaria?

No sé cómo puede quedar, pero no es un problema de dinero. Lo que se necesita es amparo institucional, que es mucho más grandioso que andar repartiendo dinero. Que un pleno de un ayuntamiento reconozca con nombres y apellidos a los represaliados cuesta exactamente cero euros.Me refiero a su trabajo, usted ha trabajado en Chile y allí el Gobierno sí financia los trabajos de exhumación. Por supuesto, pero en España existen los medios económicos y técnicos para acometer el trabajo sin que represente ningún problema.

¿Cuál es entonces la diferencia entre el proceso iniciado en Chile y el de España?

La diferencia está en que en Chile tanto el aparato político como el judicial caminan por la misma vía. Son dos raíles de una vía sobre la que circula el tren. Sin embargo, en España el raíl político y el judicial no se han entendido. No se ha tomado esa decisión desde el Gobierno, ni ha habido jueces que hayan puesto directamente el proceso en marcha. Aquí hay una parte de la sociedad que no quiere que intervenga la justicia con todas las consecuencias, lo que implicaría la revisión de sentencias. En Chile, la vía judicial está funcionando, se imputa a policías como si el crimen se hubiera cometido hoy. Con nuestra ley se quiere saltar del pilar de la verdad al de la reparación y elude tocar el pilar de la justicia.

¿Tiene entonces dudas de que la ley vaya a funcionar?

Ésa es una duda. Cuando se ha querido llegar a la reparación saltándose los estadios de verdad o justicia al final no se satisface a nadie.

La derecha no ha querido saber nada de esta norma, ¿ve razonable su actitud?

La derecha ha pasado de una cierta indiferencia a cierta agresividad en contra. Debería haberse quedado indiferente. Es tal el tono que si yo me creo la parte de miedo, sería tanto como reconocer que nuestra democracia no está madura.

¿Quién se puede molestar porque, por primera vez, se ponga el nombre de las víctimas en sus tumbas?

A los represaliados y a sus familiares nadie les ha dicho una palabra en 70 años. Hemos hecho exhumaciones en una fortificación militar y las autoridades nos facilitaron un croquis que detallaba la situación de los muertos. Y no se ha hundido España. Ha venido gente de todas partes y hemos hecho la tarea. Si no pasa nada.¿A quién achaca esa dejadez?Es muy fácil criticar ahora al Gobierno, pero yo me pregunto dónde están los alcaldes y concejales y la sociedad en general, cada uno de nosotros. No hemos sido capaces de diseñar una estrategia. Se podía haber hecho más de lo que se ha hecho.


¿Tiene usted familiares represaliados?

La mitad de mi familia fue represaliada y la otra mitad, no. La guerra es un desastre, pero la dictadura fue peor. Que tras la guerra viniera la dictadura fue peor. Es hora de reconocer que aquello fue una desgracia. Su trabajo se basa en el ADN, pero para identificar una persona es necesario cotejarlo con sus descendientes, lo que no siempre es posible.
Ése es un recurso forense bien desarrollado. Pero en nuestro trabajo hay cuatro fases. Primero, hay que recabar testimonios orales, luego hay que recurrir a fuentes documentales. Después, viene la fase de campo, la exhumación y luego el laboratorio. Todo tiene que estar unido.

Pero siempre habrá un número de personas sin identificar. O bien porque los descendientes no han reclamado o bien porque muchas de las fosas ya han sido abiertas o se ha construido encima. Nuestro trabajo sirve hasta donde sirve, que nadie piense que se llegará al 100%. Hay incluso fosas donde el ADN se ha disgregado y no es posible la identificación. En una fosa en el norte de España sólo se recuperó una dentadura y una suela de zapato. Así es imposible.

Guarda memoria de cuántos cuerpos ha recuperado y cuántos ha logrado identificar?

Se han recuperado más de 1.000 esqueletos. Yo he intervenido en unas 50 exhumaciones desde la primera en 2000 y la mayoría de los restos han sido identificados.

Qué le parece la actitud de la familia de Federico García Lorca, que no quiere recuperar los restos del poeta?

Les puedo entender, porque su memoria está suficientemente dignificada. Lorca es un símbolo universal. Hay que recordar a las víctimas olvidadas. Todo tiene un valor simbólico. Siempre. En una fosa había siete muertos y una mujer me dijo: "No sé quién es mi padre de los siete, pero los siento a los siete como si fueran mi padre, porque todos ellos tuvieron el mismo destino".

RAÚL BOCANEGRA - SEVILLA Público.com

Foto: Francisco Etxeberría es profesor de Medicina Forense en la Universidad del país Vasco. PÚBLICO

Un cura sin lápida ni flores


El párroco de Loscorrales vivió pacíficamente con la II República, tres falangistas lo mataron.

José Pascual Duaso, párroco de Loscorrales, en Huesca, no tuvo una lápida en su tumba hasta mediados de los años 50. Nadie se atrevió a colocarla para evitar remover una de las páginas menos conocidas de la otra cara de la Iglesia durante la Guerra Civil. La que murió bajo las balas del bando sublevado.

José Pascual había nacido en Torla, Huesca, en 1880 "en el seno de una familia de izquierdas, republicana y socialista de escasos recursos económicos", según cuenta Víctor Pardo, periodista, escritor, y la persona que mejor ha investigado la historia de este asesinato.

No queda más testimonio que el que Víctor recogió entre los familiares del cura. De la memoria de Pascual Duaso apenas hay una sombra en el pequeño pueblo oscense de Loscorrales, que ronda el centenar de vecinos.

Nadie pone ya flores en su tumba, recuerdan allí. El mismo olvido pesa sobre la tumba de su presunto asesino, un falangista de pasado republicano que pasó dos años encarcelado por este motivo y quedó en libertad sin cargos en 1942.

La leyenda que rodea al párroco de Loscorrales dice que lo asesinaron por comunista, por compartir la leche de sus vacas con los vecinos del pueblo sin distinguir filiación política. La realidad es más compleja, y en su asesinato influyen tanto las razones políticas como las rencillas personales.

Un hombre de ley

José Pascual Duaso fue asesinado el 22 de diciembre de 1936 en su propia casa, tenía 56 años. El cura de Loscorrales era el único que recibía prensa periódicamente. Su radio era también la única del pueblo. Sonaba en la ventana cuando había algún acontecimiento importante, explica su sobrino Antonio Pascual, en el recuerdo que recoge Víctor Pardo. El cura "era de izquierdas y no lo ocultaba", admite.

Otro de sus sobrinos, Eusebio Pascual, también fallecido, no se mostraba tan tajante: "No tenía nada de republicano ni de fascista. Era un hombre decente, un verdadero cura que practicaba la religión de Cristo. Tenía dos vacas y regalaba la leche, montó una escuela nocturna para enseñar a leer y escribir a la gente, que estaba todo el día en el campo y era analfabeta (...) Era un hombre que se comportaba como republicano, pero era monárquico, incluso votó a Gil Robles. En realidad no era nada, sólo un hombre de ley", concluye Eusebio, que vivió exiliado en Buenos Aires.

El cura Duaso era un hombre respetado que no se acomodó al orden impuesto por la Falange en Loscorrales. Los falangistas pidieron al obispo el traslado del párroco. El prelado no hizo nada y el acoso continuó.
A las razones políticas se unían motivos personales Una lista amañada contra el cura fue la trampa que le valió la muerte. Tres falangistas le dispararon cuando iban a detenerlo en su casa.

Muerto "por arma de fuego"

Sus asesinos argumentaron que fue en defensa propia. Dos testigos, un sobrino y su casera, explicaron que fue asesinado a sangre fría. No se esclarecieron las circunstancias. En su acta de defunción, inscrita con el número 125 del folio 32 en el registro de la parroquia de Loscorrales, se lee: "D. José Pascual Duaso murió el 22 de diciembre de 1936 a las veintiuna horas a consecuencia de heridas sufridas por arma de fuego.

Natural de Torla, de 56 años, hijo de Antonio y María, estado eclesiástico. Santos sacramentos, no ha podido recibirlos. Sepultado en Loscorrales el 24 de diciembre de 1936. Firma, Antonio Coarasa, Arcipreste".

Foto: Imágenes del archivo familiar de José Pascual tomadas por él mismo y cedidas por Víctor Pardo Lancina.

MIGUEL ÁNGEL MARFULL - Madrid. Publico.com

5/10/07

Los obispos quieren llenar el Vaticano para reivindicar su visión de la Guerra Civil


La Iglesia prevé reunir hasta un millón de fieles en la beatificación de 498 mártires de la República.

Los obispos han decidido medir en el corazón del Vaticano la fuerza del catolicismo español con la presentación, rodeados de multitudes, de su particular memoria histórica de la Guerra Civil. Ayer desvelaron sus intenciones en un comunicado de la Conferencia Episcopal: la masiva beatificación de 498 nuevos mártires, el próximo día 28, se celebrará en la plaza de San Pedro, el centro de la Cristiandad. Hace dos meses sus previsiones eran hacerlo en la basílica de San Pablo Extramuros ante 25.000 fieles. Ahora aspiran a convocar a cientos de miles de personas, incluso a más de un millón. El portavoz episcopal, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, presenta hoy en Roma sus ambiciosas intenciones.

España es la nación martirial por excelencia, según la jerarquía católica. Los obispos actuales de esa Iglesia aseguran que la mayor persecución religiosa de su historia ocurrió durante los años de la Segunda República (1931-1936), que ellos ayudaron a derribar apoyando un golpe de Estado militar y participando más tarde en la terrible Guerra Civil y en la larga dictadura posterior. Con unas 10.000 propuestas de beatificación, los prelados españoles acaparan el catálogo de todos los posibles mártires del siglo XX, 12.692 según Roma.

Las 498 personas que serán beatificadas ahora constituyen casi la misma cantidad que todas las víctimas de aquella guerra beatificadas hasta hoy, 468. Pertenecían a 37 causas y alcanzaron el honor de los altares en 11 ceremonias oficiadas por Juan Pablo II. Los primeros beatificados fueron tres carmelitas descalzas de Guadalajara, en marzo de 1987. Pero hay también santos, el estadio superior al de beato.

Los primeros canonizados fueron nueve frailes salesianos, ocho de Turón (Asturias), "víctimas de la persecución religiosa que tuvo lugar durante la Revolución de Octubre de 1934 y el otro martirizado en Tarragona el 28 de julio de 1937, más un sacerdote pasionista, mártir también en 1934", informa la Conferencia Episcopal. Fueron santificados en 1999.

Los obispos han logrado que la beatificación de los nuevos mártires se celebre en la imponente plaza vaticana de San Pedro. Lo anunció ayer la Secretaría de Estado de la Santa Sede. "Su Santidad ha comunicado que la Santa Misa con la ceremonia de beatificación de 498 mártires del siglo XX en España tendrá lugar en la plaza de San Pedro de Roma, a las 10.00 horas del domingo 28 de octubre", dice la nota remitida a la Conferencia Episcopal. La misa será presidida por el cardenal José Saraiva, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Benedicto XVI estará presente y pronunciará ese día o el anterior un mensaje a los peregrinos.

Entre los beatificados hay dos obispos (de Cuenca y Ciudad Real), 24 curas, 462 religiosos (frailes y monjas), un diácono, un subdiácono, un seminarista y siete laicos. Cinco nacieron fuera de España: dos salesianos en Francia, un dominico y un carmelita en México y un agustino en Cuba. Sobre la base de 495 (porque de tres se desconoce la fecha de nacimiento), el grupo dominante, 145 futuros beatos, contaba en el momento de su asesinato entre 20 y 30 años de edad (18 tenían entre 16 y 19 años).

Muchos eran aún estudiantes, como la mayoría de los agustinos del monasterio de El Escorial asesinados en Paracuellos del Jarama (Madrid), o varios de los maristas apresados en un barco en el puerto de Barcelona y sacrificados en el cementerio local. 489 de los próximos beatos murieron en 1936, siete fueron asesinados en 1937 y hay dos víctimas de lo que los obispos llaman "la persecución religiosa que tuvo lugar en octubre de 1934".

Los obispos tienen abiertas 46 nuevas causas para beatificar pronto, si Roma accede, a otras 863 personas. Pero reconocen que "obviamente no es posible que los miles y miles de fieles que fueron sacrificados en la persecución religiosa de los años treinta del siglo pasado lleguen al honor de los altares". "En muchos casos no llegaremos ni siquiera a conocer sus nombres", dice.

El portavoz de la Conferencia Episcopal está hoy en Roma para presentar, en el Pontificio Instituto Agustiniano, las nuevas beatificaciones, bajo el título El siglo de los mártires y la persecución religiosa en España (1934-1939). En el mismo acto intervendrán Andrea Riccardi, presidente de la Comunidad de San Egidio y autor del libro El siglo de los mártires, y el monseñor e historiador valenciano Vicente Cárcel Ortí.

JUAN G. BEDOYA - Madrid - 05/10/2007 El Pais.

3/10/07

Una maestra del 34



La sevillana Lola Velasco recuerda cómo aplicó en la escuela franquista los métodos pedagógicos que aprendió en la República.

La escuela de niñas de El Saucejo (Sevilla), donde nació Dolores Velasco Torres era, en 1920, un caserón desconchado en el que aquella niña de tres años comenzó su andadura escolar junto a otras cuarenta compañeras. Ella tenía suerte; su abuelo era el maestro... Uno de los 36 que la familia Velasco acumula en cuatro generaciones.

Hoy, a punto de cumplir 90 años, Dolores tiene voz y energía suficientes para explicar con asombrosa precisión sus recuerdos: "Tuve suerte, como digo; mi abuelo era el maestro... La escuela estaba en la calle del Horno, muy cerca de casa. Teníamos un perro que me acompañaba y me recibía luego, a las doce, a la salida, ladrando desde el balcón. ¡Me acuerdo muy bien de todo aquello!".

"Entonces no había recreo", continúa rememorando Dolores. "El edificio era muy viejo, blanco por dentro, y en las paredes había un crucifijo, un mapa mudo y una pizarra muy grande. Los asientos eran corridos; no existían los pupitres. En cada banco nos sentábamos cinco o seis niñas; Rosita, María, Asunción... ¿Sabe? Repetíamos sin descanso la tabla de multiplicar y cantábamos canciones populares. Estudiábamos las lecciones en alto".

A esta octogenaria, recién proclamada hija adoptiva y predilecta de Dos Hermanas (Sevilla), donde reside desde hace medio siglo, no se le escapa nada, una vez ha cogido la punta del hilo de la memoria. Recuerda con nitidez la escuela republicana que llegó unos años más tarde, "en la que se celebraba como un gran acontecimiento la Fiesta del Libro, o se organizaban recitales de poesía y concursos de redacción y de cuentos", dice. Y rememora con admiración y gratitud las enseñanzas que recibió de aquellos maestros, como su tío Antonio, discípulos de Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Ellos la enseñaron los métodos pedagógicos que Dolores no dejaría nunca de usar en sus 42 años de maestra bajo el régimen franquista. "Eran hombres sabios, adelantados a su tiempo. Aplicaban métodos pedagógicos innovadores y recababan la atención del alumno con continuas preguntas. A partir de una palabra, cualquiera podía mantener en la clase un debate toda una mañana". Experiencias pedagógicas de hace 75 años. "Mi tío Antonio invitaba a los alumnos a traer todo tipo de plantas a clase... Y a partir de ahí estudiaban botánica, biología. En cada dictado se desmenuzaba la frase; y cualquier circunstancia era buena para explicar una regla de ortografía o provocar el análisis y la reflexión".

Lola transitó sin sobresaltos por la escuela republicana hasta acabar en 1934, con resultados notables, la carrera de Magisterio. "Estudiábamos de todo; teníamos 35 asignaturas por curso". Un año después empezó a preparar las oposiciones y se examinó el 11 de julio de 1936; siete días después estalló la Guerra Civil. "¡Adiós Magisterio!", balbucea apenada, mientras traga saliva y alarga los brazos, como intentando recuperar aquellos exámenes de los que hasta muchos años después no sabría el resultado (¡el número cuatro de su promoción!). Los papeles con sus notas quedaron arrumbados en el sótano de la Escuela Normal.

Pero Lola no se arredró y, tras mil peripecias y el paso injusto y cruel por la cárcel, impartió clases particulares, hasta que, finalmente, y tras verse obligada a estudiar Religión, Historia Sagrada y Moral, pudo examinarse de nuevo y, ya sí, obtuvo la plaza de maestra.

Lola no olvidó nunca lo que aprendió como alumna de la escuela republicana; métodos que aplicó luego, cada día: "El respeto al alumnado, el convencimiento de que cada niño y niña tiene algo bueno que puede potenciarse. Intentar mejorar siempre su autoestima, hacerles crecer", resume.

La motivación del alumnado con preguntas constantes para que no se distraigan, el esfuerzo para despertar su curiosidad, el argumento imposible para centrar la atención de la clase... La dedicación específica e individual siempre que se pueda: "Siempre que me ha sido posible le he puesto a cada alumno un problema... Como hacía mi tío Antonio, del que aprendí muchísimo", recuerda. Pero también, "como se llaman hoy, las actividades complementarias" han ocupado un tiempo importante en la actividad docente de Lola Velasco. A ella le gustó mucho pintar, bordar, coser... Y así se lo ha hecho saber a los miles de alumnos que han pasado por sus manos; a todos les invitaba a aficionarse "con algo". "Porque el tiempo no admite tregua". "Hay que hacer cosas, sea como sea", insiste, recordando a aquellas maestras y maestros de la República que vivían para la escuela.

JOAQUÍN MAYORDOMO - Sevilla - 17/04/2006 El Pais.

Fotografía: Dolores Velasco
de GARCÍA CORDERO - 17/04/2006

Las enseñanzas de la República



La reforma de la educación fue la clave de los profundos cambios que inició la España de 1931.

Una escuela pública, obligatoria, laica, mixta, inspirada en el ideal de la solidaridad humana, donde la actividad era el eje de la metodología. Así era la escuela de la II República española. De todas las reformas que se emprendieron a partir de abril de 1931, la estrella fue la de la enseñanza. "Sin ninguna duda, la mejor tarjeta de presentación de la República fue su proyecto educativo", asegura el catedrático de Historia de la Educación de la Universidad de Alcalá de Henares Antonio Molero. "Efectivamente, fue la piedra angular de todas las reformas: había que implantar un Estado democrático y se necesitaba un pueblo alfabetizado. Era el Estado educador", ratifica la doctora en Historia por la Universidad de Huelva Consuelo Domínguez. Tanto ella como Molero se han especializado en la enseñanza de la II República, un ambicioso proyecto que los maestros acogieron con entusiasmo.

El 14 de abril de 1931, la República encontró una España tan analfabeta, desnutrida y llena de piojos como ansiosa por aprender. Y los más ilustres escritores, poetas, pedagogos, se pusieron manos a la obra. De pueblo en pueblo, con la cultura ambulante.

A la espera de que se aprobara la Constitución, en diciembre, el Gobierno tomó, mediante decretos urgentes, las primeras medidas: se reconoció el Estado plural y las diferencias lingüísticas (se respeta la lengua materna de los alumnos) y al frente del Consejo de Instrucción Pública que haría caminar las reformas se nombró a Unamuno.

Se proyectó la creación paulatina de 27.000 escuelas, pero mientras, los ayuntamientos adecentaron salas donde educar a los niños. Y a los mayores. "Hubo incluso alguna escuelita en las salas de autopsia de los cementerios. Donde se podía". Entonces las maestras desempeñaron un papel primordial: enseñaban en sus casas con la subvención del ayuntamiento.

La República se propuso llenar las escuelas con los mejores maestros. Pero los docentes de la época tenían una formación casi tan exigua como su salario. Con Marcelino Domingo al frente del Ministerio de Instrucción Pública y Rodolfo Llopis de director general de Primera Enseñanza, se elaboró el "mejor Plan Profesional para los maestros que ha existido en nuestra historia", asegura Domínguez. Y prácticamente las mismas palabras usa Antonio Molero para defender esa idea. El sueldo miserable de aquellos voluntariosos maestros subió a 3.000 pesetas al tiempo que se organizaban para ellos cursos de reciclaje didáctico. En aquellas Semanas Pedagógicas recibían asesoramiento de los inspectores, para remozar su formación. La carrera de Magisterio, elevada a categoría universitaria, dignificó la figura del maestro. A los aspirantes se les exigió, desde entonces, tener completo el bachillerato antes de matricularse en las Escuelas Normales, donde se enseñaba pedagogía y había un último curso práctico pagado. "Se hizo del maestro la persona más culta, eran los intelectuales de los pueblos y, con toda la precariedad en que vivían, ejercieron de una forma digna", señala Consuelo Domínguez.

Con aquellas mimbres comenzó a tejerse un sistema educativo que puso el énfasis en el alumno, le hizo protagonista de las clases y de su formación. Los críos salían al campo para estudiar ciencias naturales, se trataron de sustituir los monótonos coros infantiles recitando lecciones de memoria por el debate participativo y pedagógico; los niños y las niñas se mezclaron en las mismas aulas, donde se educaban en igualdad, y se favoreció un tránsito sin sobresaltos desde el parvulario a la universidad. "Fue una escuela en la que se educó a los niños atendiendo a su capacidad, su actitud y su vocación, no a su situación económica. La educación pública recibió financiación para ello, y eso era algo que la escuela privada miró con recelo", recuerda Molero. "Todo tenía el aroma pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza, que fue el soporte intelectual en el que se apoyó la República. Aunque diseñó una escuela más laica".

Efectivamente, laica y unificada, dos palabras que se convirtieron en el terror de la clase conservadora. Aprobada la Constitución, al ministro Fernando de los Ríos le tocó lidiar con la reforma más drástica y conflictiva: la disolución de la Compañía de Jesús; a las órdenes religiosas se les prohibió impartir enseñanza mientras a los maestros se les "libera" de la obligación de dar doctrina religiosa en clase.

"Es una medida discutible en un régimen de libertades, pero lo cierto es que era constitucional", asegura Molero. "La España de la época quizá no estaba preparada para estos cambios", razona Domínguez. En todo caso, la política de sustitución de la escuela religiosa "fracasó, porque las órdenes religiosas pusieron los colegios en manos de seglares con los derechos civiles reconocidos. Tenían otro nombre, pero era lo mismo. De hecho, el número de centros privados era mayor en 1935 que en 1931". Unos colegios privados a los que se permitió fijar su ideario.

La llamada escuela unificada, tan criticada en las filas conservadoras, no se refería, asegura Molero, "a la cesión al Estado del monopolio educativo. Se trataba de una educación sin escalones, que permitiera un camino fluido y continuo desde unos niveles a otros".

En 1933 hay de nuevo elecciones. La mujer estrena el voto femenino y la derecha -la CEDA de Gil Robles- llega al poder. Los progresistas verán cómo se va destejiendo parte del sistema diseñado. "Ellos mismos se llamaron el bienio rectificador", recuerda Cristóbal García, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva. Se frenó la financiación educativa y las medidas laicas, aunque no se derogaron, fueron escamoteadas.

"Aquel bienio dedicó su política docente a frenar, si no a liquidar, las medidas anteriores", critica Molero. Pero señala, "en justicia", dos iniciativas considerables de aquel periodo: "Un buen plan de bachillerato y una comisión para la reforma técnica de la escuela que no pudo dar sus frutos". Por entonces comenzó el baile de ministros de Instrucción: "16 hubo en el total de la República: imposible hacer políticas a medio plazo", lamenta Molero. Luego se sucedería el Frente Popular y después un golpe de Estado que resultó largamente nefasto para la educación.



Misiones Pedagógicas y Colonias Escolares

Antes que educar, la República se vio obligada a dar de comer a los niños. Incluso a vestirlos. Había cantinas y roperos escolares y cobraron fuerza las Colonias Escolares que ya antes había puesto en marcha Bartolomé Cossío. Los niños viajaban al mar o a la montaña. Hacían deporte, se divertían. Pero, sobre todo, comían. "En 15 días algunos ganaban hasta cuatro kilos de peso", dice la doctora en Historia Consuelo Domínguez, que ha estudiado con detalle este extremo.

Hubo medidas urgentes que no podían esperar y que se adoptaron a golpe de decreto, hasta que fue aprobada la Constitución. El profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva Cristóbal García ve en algunas de ellas un espíritu muy reformista: "Lo más revolucionario que puede hacerse, después de facilitar alimentación, fueron aquellas Misiones Pedagógicas" de cuyo patronato fue también presidente Cossío, y que todavía recuerdan los más viejos de los pueblos. En destartaladas camionetas llegaron a las aldeas perdidas bibliotecas itinerantes, proyecciones cinematográficas, teatro, museos ambulantes. El 70% de los hombres eran analfabetos; mucho más las mujeres. En aquellas Misiones Pedagógicas se embarcaron grandes poetas, afamados escritores y maestros con su corbata y maletín a los que los lugareños recogían en burro donde las camionetas ya no tenían acceso.

CARMEN MORÁN - Madrid - 17/04/2006

El Pais.

FOTOGRAFÍA: Una maestra y sus alumnas, en El Saucejo.

1/10/07

La fiscalía pide un año de cárcel para un joven que izó una bandera republicana en un edificio público.




La fiscalía pide un año de cárcel para un joven que izó una bandera republicana en un edificio público.
Habría incurrido en los delitos de injurias a España y desorden público.

EFE - Madrid - 01/10/2007 19:34


El joven que escaló la fachada de un edificio público de Madrid y retiró la bandera de España para izar la republicana se enfrenta este jueves a una petición del fiscal de un año de cárcel, además del pago de una multa de 4.000 euros por los delitos de injurias a España y desórdenes públicos.

El juicio, según ha explicado el acusado, Jaume D'Urgell, se celebrará a las 11:30 en los juzgados de lo penal de Madrid, a cuyas puertas se ha convocado una concentración de solidaridad con el joven por parte de la Coordinadora de Organizaciones Republicanas de Madrid.

D'Urgell, acompañado por representantes de la Coordinadora de Organizaciones Republicanas de Madrid, ha ofrecido una rueda de prensa frente al Ateneo para denunciar "la escalada en la persecución de periodistas, medios de comunicación y personas que manifiestan sus ideas republicanas".

Durante una manifestación por una vivienda digna

Los actos por los que D'Urgell está procesado tuvieron lugar el 14 de mayo del año pasado durante una manifestación para reivindicar el derecho a una vivienda digna y un empleo de calidad.

El acusado, según su propio testimonio, escaló la fachada del edificio que alberga los Juzgados de lo Contencioso Administrativo, en la calle Gran Vía, para arriar la enseña nacional e izar, en su lugar, la republicana.

Yo también soy antimonárquico




Las protestas antimonárquicas se propagan.
Centenares de jóvenes se manifiestan y queman fotografías del Rey en Barcelona, Lleida y Manresa.

PÚBLICO - 30/09/2007 21:35


Las protestas en apoyo a los dos jóvenes imputados por un presunto delito de injurias a la Corona por quemar fotografías del Rey se extienden por el territorio catalán. Centenares de jóvenes se manifestaron ayer en Barcelona, Manresa y Lleida.

Unas 500 personas, miebros de colectivos antisistema, se concentraron en pleno centro de Barcelona, bajo la vigilancia de un fuerte dispositivo policial. Jaume Roure, el primer detenido por quemar una foto del Rey en Girona, participó en la protesta. El joven animó a los asistentes a organizar nuevas concentraciones "en solidaridad con los movimientos sociales".

Los Mossos d'Esquadra impidieron el paso a los manifestantes por las calles del centro al considerar ilegal la protesta, ya que no había sido comunicada a las autoridades. Hubo algunas escenas de tensión. "Libertad de expresión, policía no", gritaron los concentrados, que defendieron "el derecho a la libre manifestación".

En Lleida, un centenar de personas protestaron por la actuación de la Audiencia Nacional y en contra de la monarquía. En Manresa, otros 50 jóvenes quemaron al mediodía fotocopias con la imagen del monarca. El colectivo portó pancartas en las que se podía leer: "Yo también soy antimonárquico".

27/9/07

"Se declara derogado el Bando de Guerra de 28 de junio de 1936..."


TEXTO DE REFERENCIA: LAS MODIFICACIONES A LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA
"Se declara derogado el Bando de Guerra de 28 de junio de 1936..."

El último texto del proyecto de Ley de la Memoria Histórica remitido por el Grupo Socialista a los partidos con los que negocia un posible acuerdo recoge modificaciones sobre el aprobado en Consejo de Ministros. Son las que siguen:

- Exposición de motivos. Condena al franquismo. (...) El 20 de noviembre de 2002 la Comisión Constitucional del Congreso aprobó por unanimidad una proposición de ley que (...) reiteraba que "nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos", y (...) en el Informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa firmado en París el 17 de marzo de 2006 se denunciaron las graves violaciones de derechos humanos cometidas en España por el régimen político establecido tras la Guerra Civil, entre los años 1939 y 1975. [Este texto es nuevo, aunque IU-ICV pide una condena explícita, no la referencia a otras condenas].

- Reconocimiento a los perseguidos por sus creencias religiosas.

Artículo 1.1. La presente ley tiene por objeto reconocer y ampliar derechos de quienes padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa [esto último añadido por CiU], durante la Guerra Civil y la dictadura, promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal y familiar, y adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre ciudadanos.

- Ilegitimidad de los tribunales durante la Guerra Civil.

Artículo 3. 1. Se declara la ilegitimidad de los tribunales y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido para imponer, por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la de sus resoluciones. [Se elimina la referencia "cualquiera que fuera el bando o la zona en la que se encontraran quienes las padecieron"].

2. Por ser contrarios a derecho y vulnerar las más elementales exigencias del derecho a un juicio justo, se declara en todo caso la ilegitimidad, por vicios de forma y fondo, del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Orden Público, así como todos los tribunales de responsabilidades políticas y Consejos de Guerra realizados por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 2.

- Acciones ante los tribunales de justicia.

Este derecho es plenamente compatible con los demás derechos y medidas reparadoras reconocidas en normas anteriores, así como con el ejercicio de las acciones a que hubiere lugar ante los tribunales de justicia.

- Símbolos franquistas en edificios municipales y autonómicos. El Gobierno colaborará con las comunidades autónomas y las entidades locales en la elaboración de un catálogo de vestigios relativos a la Guerra Civil y la dictadura a los efectos previstos en el apartado anterior (retirada de símbolos en órganos estatales). [La ley que presentó el Gobierno no hacía mención a los ayuntamientos y sólo se obligaba a la Administración central a retirar los símbolos].

- Derogadas las leyes de represión franquista. Se declaran derogados el Bando de Guerra de 28 de junio de 1936 de la Junta de Defensa Nacional aprobado por Decreto número 79, el Bando de 31 de agosto de 1936 y, especialmente, el Decreto del general Franco, número 55, de 1 de noviembre de 1936: las Leyes de Seguridad del Estado, de 12 de julio de 1940 y 29 de marzo de 1941, de reforma del Código penal de los delitos contra la seguridad del Estado; la Ley de 2 de marzo de 1943 de modificación del delito de Rebelión Militar; el Decreto-Ley de 18 de abril de 1947, sobre Rebelión militar y bandidaje y terrorismo, y las Leyes 42/1971 y 44/1971 de reforma del Código de Justicia Militar, las Leyes de 9 de febrero de 1939 y la de 19 de febrero de 1942 sobre responsabilidades políticas y la ley de 1 de marzo de 1940 sobre represión de la masonería y el comunismo.

EL PAÍS - Madrid - 27/09/2007

Texto íntegro del proyecto de ley

FOTO: Excavación de una fosa común con fusilados en la Guerra Civil cerca de Lerma (Burgos). EFE - 27/09/2007

26/9/07

Arte para desenterrar la memoria


Francesc Torres presenta en Nueva York una instalación y un libro con fotografías y documentación de la exhumación de una fosa de la Guerra Civil en Burgos.

Confiesa que su empeñó es ganar la Guerra Civil. No con sangre, claro, sino desenterrando los cuerpos de los que perdieron entonces para restituirles la memoria y la razón. Francesc Torres (Barcelona, 1948) lleva años trabajando en proyectos en los que arte y política se entrelazan de manera delicada.

En esta ocasión, la dificultad ha sido aún mayor ya que su empeño en documentar la exhumación de una fosa de la Guerra Civil en el marco de un proyecto "artístico" tuvo que sortear múltiples obstáculos -no consiguió los permisos en Cataluña- hasta que finalmente pudo llevarse a cabo. Todo el proceso y el porqué de su empeño se explica con detalle en el libro Oscura es la habitación donde dormimos (Actar), en el que documenta la exhumación de una fosa con 46 republicanos asesinados por falangistas en el pueblo de Villamayor de los Montes (Burgos), que incluye fotografías del proceso de exhumación y del posterior entierro de los restos, testimonios de los vecinos, el informe forense y otros documentos como la escalofriante lista con el nombre y edad de los muertos, tres de los cuales están sin identificar.

El material, en formato de proyecciones, es la base también de una instalación con el mismo título del libro que hoy se inaugura en el International Center of Photography de Nueva York, en el marco de todo un programa de actos que incluye otras tres exposiciones relacionadas con la Guerra Civil española de Robert Capa, Gerda Taro y el grafismo de la República.

"Me alegro de enseñar las imágenes de la fosa en este contexto porque en cierta manera cierra el ciclo de lo que muestran las otras fotografías de Capa y Taro", comenta Torres, consciente de que era muy delicado exhibir sus imágenes en un espacio museístico en el que podría ser acusado de utilizar material sensible para fines puramente estéticos. "Mi objetivo aquí ha sido intentar reducir a cero la distancia entre mis intereses como ciudadano y mis intereses como artista", añade. "La única manera de abordar este material con una carga emocional tan fuerte era intentando de hacerlo mío para mostrar una historia que no se podía explicar de otra manera". La excavación, naturalmente, la realizaron arqueólogos y técnicos de otras disciplinas con el apoyo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y el artista, además de aportar parte del presupuesto para sacarla adelante, gracias a las ayudas que había recibido de dos fundaciones americanas, se limitó, según indica, a situarse como observador y documentar todo el proceso. "Las imágenes tienen un sentido estético, pero no el sentido de bonito sino de ético. Creo que el arte funciona a veces a un nivel distinto al de otros lenguajes porque el tipo de reacción y la respuesta emocional que provocas es difícil de conseguir de otra manera. Lo complicado es conseguir el equilibrio".

"Mi interés era más político que otra cosa", añade. "Creo que la recuperación de la memoria histórica y la exhumación de las víctimas es una asignatura de mucho calibre que tenemos pendiente y que otros países con conflictos más recientes han sabido resolver. Hace 70 años de la Guerra Civil y no hemos sido capaces de solucionar este tema; realmente parece increíble que haya tantas dificultades para hacerlo". En el texto que abre el libro, realmente un documento desgarrador y al tiempo emocionante de lo que supone abrir una fosa, Torres dispara contra la "hipocresía oficial" con respecto a la historia de los políticos y de gran parte de la sociedad española, aún temerosa y cobarde, dice, a la hora de enfrentarse al pasado.

Acostumbrado a trabajar en el más politizado ambiente del arte conceptual de Estados Unidos, en donde ha residido durante muchos años, Torres tampoco está muy satisfecho del contexto cultural español. "Estoy muy descorazonado por el nivel de capacidad crítica y de la falta de riesgo ideológico en el mundo del arte", añade. "Ahora parece como si el siglo XX no hubiera existido y sólo se espera de los artistas que decoren los espacios de poder, sea económico o político. Durante el pasado siglo el arte quería intervenir en la historia, pero ya ha desistido. Esto es lo que me provoca cierta angustia y asco intelecutal y por lo que decidí involucrarme a fondo en este proyecto".

CATALINA SERRA - Barcelona - 26/09/2007 El Pais.

24/9/07

Cuando Ana miró dentro de la fosa



Dos mujeres recuerdan cómo marcó su niñez el fusilamiento en la Guerra Civil de sus familiares, exhumados ahora.

"Vi un montón de piedras de las que sobresalían brazos, piernas...", recuerda Ana

San Valentín es desde hace 70 años una fecha de infausto recuerdo en Villanueva del Rosario (Málaga). La madrugada del 14 de febrero de 1937, en una cuneta, un hombre llamado José, o Lucas, tal vez Antonio, recibió al menos cuatro impactos de bala. Uno le fracturó el fémur; otro la tibia. Dos se quedaron alojados en la espalda. Su cuerpo rodó desde una altura de tres metros hasta que cayó en una fosa. Apenas había espacio para tres personas, pero los verdugos depositaron allí 11 cadáveres. La exhumación de sus restos, que se inició el pasado día 15 y se ha completado este fin de semana, ha mostrado el ensañamiento de aquellos falangistas que ametrallaron a diez militantes de UGT y al dueño de una cooperativa del pueblo vecino.

La aparición de huesos en posiciones imposibles hizo pensar a los arqueólogos, a mitad de la semana pasada, que había más de 11 cuerpos. "Creemos que después de que cayesen los empujaron hasta que cupiesen todos en la fosa; hay huesos con síntomas de haber sido aplastados", explica uno de los arqueólogos del equipo de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, que ha trabajado en la exhumación. Todos coinciden en que de la exhumación se puede deducir la actitud de desprecio hacia aquellas personas: "Lo importante era meterlos, daba igual cómo".

Imaginar esta sangrienta escena es duro. Pero más lo es recordarla. Ana González, de 78 años, pasó a la mañana siguiente por el camino que separa su pueblo de la localidad de Villanueva del Trabuco. Sabía que algo malo se iba a encontrar pues había oído cómo su madre advertía a su abuela: "Ni se te ocurra llevar por el puente a la niña". Pero algo le decía a la anciana que en aquella fosa estaba su hijo Francisco, que, como los otros diez muertos, llevaban una semana encerrados en el Ayuntamiento a la espera de un supuesto juicio.

Cuando llegaron al viejo puente, la abuela se quedó parada. Necesitaba la confirmación de su presagio pero tenía miedo a que alguien del pueblo la viese husmeando. Así que se vio obligada a echar mano de su nieta.

-"Anda, hija, acércate y mira a ver qué hay ahí".

-"No quiero, tengo miedo", recuerda Ana que le respondió.

La abuela le prometió que al llegar al Trabuco le compraría unas alpargatas. Lo que para muchos puede ser un detalle insignificante para Ana fue un estímulo. "Iba a ser mi primer calzado", rememora con una sonrisa entrañable de oreja a oreja. Su gesto cambia cuando se le pregunta por lo que vio al asomarse a la cuneta. Agacha la cabeza y con voz baja, relata: "Un montón de piedras puestas de cualquier manera de la que sobresalían brazos, piernas, un cinturón..., algo terrible para cualquier persona, pero más para una niña".

Ana, aturdida por la escena, se apartó y empezó a vomitar. "Vente, vente que nos vamos", recuerda que le gritó su abuela. Al volver, por la tarde, a Villanueva del Rosario, la abuela llevó a Ana a distintas casas para que contase lo que había visto. "Con el tiempo me he dado cuenta de que me utilizó para que confirmase los peores presagios porque ella tenía miedo; no la guardo rencor, ella sabía que a una niña no la iban a hacer nada".

Ana repitió la cantinela en unas cuantas casas hasta que en una dio en el clavo. "¿Dices que has visto una camisa azul? Ay, tiene que ser la de mi hijo José". Es lo único que le pudo decir aquella vecina antes de romper a llorar.

Aquella señora a la que Ana había desvelado la fatal noticia era la abuela de Josefa Ortiz, una mujer que rebosa energía a sus 73 años. Su padre, el hombre de la camisa azul, y su tío, yacen en la fosa de Villanueva del Rosario. Josefa sólo tenía dos años cuando empezó a palpar el dolor en su casa. Habían pasado pocos días del fusilamiento cuando empezó una triste rutina nocturna: "Le pedía a mi familia que no cerrasen la puerta de la casa ni del corral porque mi padre tenía que volver y yo quería verlo". La confusión le acompañó toda su niñez, especialmente aquel año 1937. Su padre no volvía y a ella le cambiaban los hábitos. Los vestidos floridos, que tanto le gustaban a su padre, se los tiñeron de negro. Hasta que cayó enferma y el médico exigió que volviesen a su colorido original.

Como si fuese posible orillar la muerte por un tiempo, a Josefa le cuesta asimilar que su padre, al que apenas llegó a conocer, falleció hace 70 años. "Hasta que no me entreguen sus huesos, hasta que no pueda enterrarlo en un lugar a donde pueda llevarle flores no me haré a la idea por completo". Hay otro elemento además que mantiene viva esa utopía. Hace sólo tres años que Josefa aprendió a leer y a escribir. Desde entonces, cuenta con lágrimas en los ojos, no para de mandar cartas a su padre, "cartas al aire".

No contenta con eso, pretende escribir un libro sobre su niñez en la posguerra para regalárselo a sus nietos. Lo tiene bastante avanzado. Uno de sus profesores al leer alguno de los relatos, le regaló un piropo: "Nunca me imaginaba los sentimientos que un niño podía tener dentro".

El pasado sábado, por primera vez, Josefa y Ana no pudieron acudir a la supervisión de los trabajos desde que empezó la exhumación. Había llovido intensamente durante la madrugada y el terreno donde está la fosa era un auténtico barrizal. Sentadas en el porche del hostal donde se aloja Josefa, charlaban, aunque se notaba que les faltaba algo. Cuando alguna de las dos trataba de hablar de un tema que no tuviese relación con la fosa, la otra rápidamente le cortaba con una anécdota.

En una de estas historias, Ana explicaba cómo iba por el pueblo pidiendo algo de comer y dependiendo de con quién se topara, recibía una respuesta: "Eso que te lo den los fascistas; eso que te lo den los rojos". Ella volvía siempre a casa con la misma pregunta: "¿Qué son los fascistas? ¿Qué son los rojos?". Nadie se lo explicaba. "¿Pero no se daban cuenta de que un niño era incapaz de entender lo que estaba pasando?", se pregunta Ana, 70 años después.

JAVIER LAFUENTE - Villanueva del Rosario - 24/09/2007 El Pais.

24/8/07

SETENTA AÑOS EN BUSCA DE UN ESQUELETO CON RELOJ



La apertura de cuatro fosas de la Guerra Civil con casi 90 cuerpos en Lerma (Burgos) despierta la ilusión de decenas de familias.

NATALIA JUNQUERA - Lerma - 24/08/2007 El Pais.com

"Creemos que esto no ha de durar ya mucho y por tanto enseguida seremos puestos en libertad", escribió Juan Marcelino Maciá García, guarda del patronato nacional de turismo de Aranda, en una carta a su familia el 24 de agosto de 1936. Murió al día siguiente, asesinado con otros 28 republicanos, entre ellos, el alcalde y cinco concejales de Aranda de Duero. Ayer, Susana, nieta de Juan Marcelino, observaba los botones de la chaqueta de su uniforme, grabados con el escudo del parador, enterrados a 70 centímetros de profundidad entre los huesos de 29 personas que compartían 10,5 metros de largo por 1,30 de ancho, las medidas de la cuarta fosa que se abre en el monte de La Andaya, en Lerma (Burgos) en menos de un año. "Estamos muy ilusionados porque está claro que es él. Es una lástima que mi padre se lo esté perdiendo. Murió hace seis años".

Han venido desde Madrid hasta Lerma para verlo con sus propios ojos. Alrededor de esta cuarta fosa, decenas de personas envidian su suerte, como Alejandro Abascal, de 90 años. O como Ampelio Antón, de 75, que lleva toda su vida buscando un esqueleto con un reloj, el de su padre. Ampelio tenía sólo cuatro años y medio pero recuerda que lo llevaba cuando vinieron a buscarle. El año pasado, en una de las tres fosas que el equipo del forense Francisco Etxeberría exhumó en La Andaya, apareció un reloj: "Lo tuve en la mano, era precioso. Pensé de verdad que le había encontrado, pero todos los esqueletos están ya adjudicados. No es él. Tiene que estar en esta".

Ampelio ha llegado a esta nueva fosa con una sonrisa enorme porque había aparecido otro esqueleto con un reloj pero se va a casa incapaz de disimular su decepción. Etxeberria le explica que pertenece al mismo cuerpo que tiene los botones del uniforme, así que pertenece al guardia. Ampelio asegura que necesita "cerrar la herida" y olvidar. Afirma que recuerda perfectamente el día que se llevaron a su padre -"los golpes en la puerta, los gritos de mi madre, los susurros y las blasfemias en casa de mi abuela"-, incluso algunos instantes anteriores -"los juegos amorosos de mis padres, el colegio con mis hermanas..."- y el día siguiente a la desaparición: "Mi madre me vistió de luto. Tiñó uno por uno todos los topos blancos de una tela". Justo después, tiene un blanco. "Creo que pasé un año y medio sin darme cuenta de que yo seguía viviendo", afirma.

Mientras exhuman esta nueva fosa, el equipo de Etxeberria está haciendo las pruebas de ADN de los 56 cuerpos hallados en las tres del año pasado. Han empezado por el grupo de una saca del 11 de septiembre de 1936, donde posiblemente esté el abuelo de Mariví Ramos, vecina de Villafruela. "Ya nos han tomado las muestras. Hemos pedido que empezaran por nosotros porque mi padre está muy enfermo. Cuando era pequeño, le dijeron que había visto cómo enterraban a su padre, mi abuelo, aquí, y desde entonces, iba todas las tardes a sentarse en la tierra y dejar unas flores. Para él es muy importante encontrarlo, enterrarlo en el cementerio y escribir su nombre en algún sitio", cuenta Mariví.

Ampelio estuvo hace poco en el cementerio en un homenaje a los republicanos de la fosa de Villamayor de los Montes. "Siete personas no fueron a recoger a sus muertos. Yo eso no lo entiendo. Al final llevé uno yo. Ojalá hubiese sido mi padre", insiste. Convertidos en cómplices, la mayoría se alegra cuando otra persona encuentra a su ser querido y sigue participando en exhumaciones una vez que ha dado con su familiar. Es lo que más ha impresionado a Guillermo Fouce, miembro de Psicólogos sin Fronteras, que trabajó en el 11-M o la tragedia de Beslán (Osetia, Rusia), y que desde hace dos años, acompaña a los familiares en las exhumaciones. "Nunca veo odio, rencor o ira. No me cabe duda de que esto va de cerrar heridas, no de reabrirlas", afirma.

A las 19 horas, como un ritual, Etxeberría resume el día de trabajo sobre la fosa. Primero cuentan los cráneos: "¡29!". Luego, los objetos encontrados: "casquillos y balas de pistola, uno de fusil, una cartera, un peine, varias cucharas, un reloj de pulsera, lápices...". Finalmente, las lesiones o defectos que han podido observar en los huesos, convertidas ahora en valiosísimas pistas para la identificación: una cojera, un braguero de una hernia inguinal...

"Para mí, lo peor de todo es pensar que si mataron a 30, unos tuvieron que morir de primeros y otros de últimos, es decir, que alguno vio morir a los demás, y esperó su turno durante unos segundos", concluye Etxeberria.

23/7/07

Los Franco obstaculizan la protección del pazo de Meirás




Franco saluda al infante don Felipe de Borbón en el Pazo de Medirás, en el mes de agosto de 1975.



PAOLA OBELLEIRO - A Coruña - 23/07/2007 El Pais.com

De refugio de una de las grandes de las letras españolas, la coruñesa Emilia Pardo Bazán, a escenario de la dictadura, como residencia veraniega de Francisco Franco, el pazo de Meirás, en Sada, forma parte de la memoria de Galicia. Propiedad de los herederos del caudillo, quien lo recibió en 1939 "por obsequio del pueblo de A Coruña", el castillo, en una finca de más de seis hectáreas, está cerrado a cal y canto. La Xunta quiere declararlo Bien de Interés Cultural (BIC), pero la familia Franco se resiste.

Los trámites se iniciaron hace un año a iniciativa del BNG, pero la familia, hoy encabezada por la hija del general, Carmen Franco Polo, ha dado largas a las peticiones de los técnicos para visitar la propiedad y determinar su estado, un trámite imprescindible para la declaración BIC, que obligaría a abrir al público el pazo un mínimo de cuatro días al mes. Implicaría también adoptar medidas de protección y otorgaría a la Administración una posición preferente si la propiedad se pusiera a la venta. El plazo legal para resolverlo se cumplirá en noviembre.

En la aldea de Meirás, mentar el proceso de "donación" del pazo es aún hoy un tema tabú. Muchas familias fueron obligadas a la venta forzosa de sus fincas -incluso sin compensación económica- para duplicar la propiedad.

62 años pisando la tumba del maquis





Ángel Serrano y Beatriz Pereda, nieto e hija de Victorino Pereda, en la majada donde murió el maquis.

Victorino Pereda, con maletín, en una foto cedida por la familia.



Ino fue enterrado a la entrada del cementerio por decisión del cura para que todos pudieran "pisar la tumba del rojo"

Los susurros no traen buenos recuerdos a Ángel Serrano. Este sociólogo madrileño de 36 años los relaciona con su infancia, con cómo se hablaba en casa de uno de sus abuelos, Victorino Pereda, Ino. No toda la familia quería que el nieto se sintiera orgulloso de tener un ascendente comunista y guerrillero, de quien se dejó de tener noticias en el otoño de 1945. Durante muchos años, Ángel sólo tuvo dos abuelas y un abuelo, que murió de enfermedad.

La emboscada de la Guardia Civil en la sierra de Villuercas (Cáceres), la noche del 11 de noviembre de 1945, no sólo acabó con la vida de Ino. La diadema de disparos que le dibujaron alrededor del pecho le volvieron invisible durante 62 años, el tiempo que ha transcurrido hasta que este fin de semana sus restos fueron rescatados de una fosa sin nombre.

Hacia las 10 de aquella fatídica noche. bajo una copiosa lluvia y envueltos en una niebla baja y espesa, Ino se encaminó, junto al también maquis, Alejandro Barroso, Mexicano, hacia una majada, oculta en la montaña. Buscaban algo de comida con la que poder saciar su hambre y la de los compañeros de guerrilla. El estómago vacío era una seña de identidad de los señores de la sierra, como se les conocía en los pueblos de la zona. Solían ser bien recibidos. Se les daba comida y un tiempo de margen para que pudieran escapar. Después, se alertaba a los agentes a de la presencia de bandoleros. El miedo a las represalias pesaba mucho.

Aquella noche de noviembre las cosas no salieron como de costumbre. La Guardia Civil había rodeado la majada. Ino esperaba en la puerta. Cuando Mexicano entró, todo estaba a oscuras. Los dueños les dijeron que se iban a acostar, aunque fuese temprano. Mexicano encendió entonces un fósforo y vio en una esquina a un guardia, que abrió fuego contra Ino sin previo aviso. De forma asombrosa, Mexicano escapó. El mosquetón de su compañero y amigo, de un solo disparo, no pudo hacer frente a las metralletas de los agentes. Todavía hoy se puede ver en la puerta de entrada a la majada una hilera de orificios provocados por disparos de bala.

El cuerpo de Ino fue velado en las escuelas de Roturas de Cabañas, un pequeño pueblo de la sierra en el que hoy viven 350 personas. Nadie sabía qué hacer con el cadáver. Muchos pidieron prenderle fuego. El cura, por si el guerrillero fuese católico, dijo que había que enterrarlo. Pero no en cualquier sitio: en la puerta del cementerio para que todo el mundo pudiese "pisar la tumba del rojo" de por vida, tal y consta en el libro de muertos de la parroquia.

Toda esta reconstrucción no ha sido posible hasta este año. Han pasado más de 60 sin que nadie supiese cómo había muerto ni dónde estaba enterrado Ino.

A Encarnación, su mujer, le llegaron a decir que huyó a Francia y le había abandonado. Pero no tenía sentido. "Mi madre siempre me dijo que tenía que estar orgullosa de él, que si había resistido durante la Guerra Civil no se iba a ir diez años después", explicaba el pasado sábado Beatriz, la hija a la que el maquis no llegó a conocer, en Roturas, a escasos metros de donde yacían los restos de su padre, pocos minutos después de que se iniciase la exhumación del cadáver.

Fue en enero de este año cuando Ángel le hizo una promesa a su madre: "Voy a encontrar a tu padre, al invisible". La idea le venía rondando la cabeza desde hacía tiempo. Sabía que su abuelo, miembro del PCE y guardia de asalto republicano, se había alistado en la guerrilla antifranquista cuando terminó la guerra. Servía de enlace y delegado político entre Madrid y Cáceres, así que hacia allá se desplazó. Aunque la ayuda de las administraciones no fue todo lo buena que esperaba, el proceso de investigación ha sido rápido. Dos profesores de la Universidad de Extremadura le aconsejaron que visitara los pueblos de la sierra de Ibores, por donde se solían mover los guerrilleros. En Roturas, casi todos los vecinos habían oído la historia de Ino, pero nadie había dicho una palabra durante años, "sobre todo la gente de izquierdas", explicaba Ángel. Y ya se sabe que lo que no se habla no existe. "En cuanto localicé el pueblo, todo fue más fácil", recuerda el sociólogo reconvertido en investigador, que un día pudo por fin llamar a su madre y decirle: "He encontrado al invisible".

El nieto de Ino se puso en contacto con el Foro por la Memoria para comenzar las labores de exhumación de los restos de su abuelo. Un equipo de arqueólogos, abogados, voluntarios, una psicóloga y cámaras de televisión se desplazaron el sábado hacia Roturas. El alcalde, Julio García, bisnieto de los dueños de la majada donde murió Ino, puso todas las facilidades al equipo.

En el pueblo, Beatriz confesaba que ha vivido siempre intrigada por dónde pudiera estar su padre. Su hijo le regalaba cualquier libro en el que se le hiciese referencia. Desde que Ángel comenzó la investigación, los nervios han ido a más. El sábado, Beatriz estaba como un flan. No había quien pudiera calmarla: "¿Y si no aparecen los restos? ¿Y si mi padre no está enterrado aquí?", repetía constantemente.

Aunque el trabajo documental era bastante sólido, las labores de exhumación no fueron sencillas. El cementerio está en cuesta y en un primer momento aparecieron todo tipo de restos. Había otra dificultad. Hace apenas un mes, Elisa, una vecina de Roturas, cuando supo que se iba a exhumar a Ino, confesó que su madre, Trinidad Álvarez, estaba enterrada sobre él. Había muerto de forma natural en los años 50 pero, al ser una mujer de izquierdas, el cura quiso que también fuera pisoteada eternamente. Elisa había callado todo este tiempo por el qué dirán. El ancestral miedo de los pueblos pequeños.

Conforme pasaban las horas, la incertidumbre y el sol abrasador se apoderaban del ambiente. Entre todos los vecinos que se acercaron al cementerio, estaba Saturio, Satur. Tenía poco más de 15 años cuando mataron a Ino. Recuerda que fue un domingo porque "había ido al baile". Rápidamente tuvo que subir a la majada con el médico. "Nos dijeron que había habido un enfrentamiento entre bandoleros y la Guardia Civil". Allí vio el cadáver de Ino. "Era muy fuerte, con muñecas como remos".

Uno de las personas que mejor recuerda cómo era el guerrillero muerto, además de Mexicano, que vive en Francia y no pudo asistir a la exhumación por motivos de salud, era el hermano de éste, Eulalio Barroso, Carrete.

A sus 80 años, guarda una mente muy lúcida; estuvo de pie todo el día, contándole a todo el mundo el recuerdo que tenía de Ino: "Era una persona con mucho conocimiento de la estrategia; además, como tenía 33 años, era como un profesor para nosotros, siempre que podía nos aleccionaba de alguna manera".

A última hora de la tarde del sábado, después de casi 12 horas de trabajo y especulaciones, el equipo de arqueólogos limpiaba la fosa levantada en la entrada del cementerio. Dentro de ella se podían ver los huesos de dos individuos. A falta de la prueba de ADN, los arqueólogos aseguraban que se trataba de los restos óseos de una mujer y de un adulto de constitución fuerte.

El Foro por la Memoria organizó ayer un acto de homenaje. Beatriz pasó de los nervios a la emoción. "Aquí está mi padre, ya no es invisible, como han querido hacerle durante más de 60 años", decía. Junto a ella, en todo momento, estaba Ángel. El sábado había conseguido guardar la compostura casi todo el día. A última hora, las gafas de sol ya no podían ocultar unos ojos vidriosos. Había sido un día especial. No sólo había rescatado los restos de Ino. Era el día de su cumpleaños y Ángel recibió el mejor regalo posible: recuperar la memoria de su abuelo y que nunca más se hablase de él en voz baja.

JAVIER LAFUENTE - Roturas de Cabañas - 23/07/2007 El Pais.com

16/7/07

Imágenes inéditas de 500 'niños de la guerra' al llegar a México en 1937




Imágenes inéditas de 500 'niños de la guerra' al llegar a México en 1937

EL PAÍS - Madrid - 16/07/2007


Casi 500 niños, huérfanos o hijos de combatientes republicanos de la Guerra Civil, llegaron al puerto de Veracruz, en México, en junio de 1937. Los llamados niños de Morelia fueron acogidos por una multitud de mexicanos que los recibió como pequeños héroes. La Filmoteca de la Universidad Nacional de México acaba de recuperar de su archivo imágenes nunca vistas de aquel emotivo desembarco: los niños aparecen levantando el puño a modo de saludo y arrastrando enormes maletas, entre aplausos y besos de mexicanos que acudieron a recibirles.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de viaje oficial en México, visitará hoy a varios de esos niños de Morelia.





Foto: En la imagen, difundida ayer por TVE, los niños de Morelia levantan el puño a su llegada a México en junio de 1937.

11/7/07

Campaña de voluntariado para las tareas de exhumación





La Asociación por la memoria de Málaga recuperará los cuerpos de cuatro mil fusilados por el franquismo.

Rafaela Torres / Rebelión

La Asociación contra el silencio y el olvido por la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga (ARMHM) ha comenzado una campaña de voluntariado en colaboración con el Instituto Andaluz de la Juventud y la Universidad de Málaga, para los trabajos de excavación y exhumación de los fusilados por el régimen franquista en el cementerio de San Rafael en Málaga.

Según los datos procedentes de la investigación previa realizada por la asociación, en ese lugar se encontrarían los cuerpos de más de cuatro mil fusilados, enterrados en fosas comunes.

La asociación hace este llamamiento por cuanto desde el pasado 16 de octubre de 2006, fecha en que dieron comienzo los trabajos, hasta hoy sólo se han podido recuperar unos seiscientos debido principalmente a la laboriosidad con que se llevan a cabo, pues se esta haciendo de una forma exhaustiva e individualizada, depositándolos posteriormente en cajas individuales y numeradas por si fuese posible su posterior identificación.

Al término de la exhumación estas cajas serán depositadas en un monumento sarcófago, donde quedaran inscritos los nombres de todos los represaliados.

Para todos aquellos que puedan estar interesados en participar, se puede contactar a través de la pagina del instituto Andaluz de la Juventud: http://www.andaluciajunta.es/patiojoven o al correo electrónico de la asociación: recuperandomemoria@gmail.com

* Rafaela Torres. Coordinadora A.R.M.H.M.



Foto: Exhumación Fosa El Bosque (Cadiz)

10/7/07

FEDERICO GALLEGA GARCÍA. Guerrillero antifranquista.




Datos suministrados por Teófilo Gallega Ortega

El pasado domingo día 3 de junio se cumplió 58 años de la muerte de Federico Gallega García, guerrillero antifranquista, miembro de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. Murió en combate en la Sierra de Valdeminguete, cerca de Huélamo (Cuenca), un 3 de junio de 1949. Fue enterrado en un terreno aledaño al cementerio de Huélamo que hoy en día forma ya parte del mismo. Ya habían sido enterrados cuatro años antes otros dos guerrilleros en ese mismo lugar: Antonio Millán Cabrera, natural de Puebla de Alcocer (Badajoz) y Joaquín Pérez Rodríguez, de Granada.

El año pasado, Manuel Martínez Muñoz, entusiasta investigador del movimiento guerrillero en la zona de Cuenca, logra localizar a la familia de Antonio Millán, uno de los tres guerrilleros (maquis) allí enterrados. Les pone en contacto con la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Cuenca e inician los trámites para su exhumación, que se llevará a cabo entre el 27 y el 29 de octubre. Las labores de exhumación fueron realizadas por el profesor de Arqueología Forense de la Universidad Autónoma de Madrid Ángel Fuentes Domínguez y todo su equipo. También colaboraron Máximo Molina y Pedro Bru, presidente y secretario, respectivamente, de ARMH Cuenca, Manuel Martínez y los familiares de Antonio Millán.

Pudieron exhumarse e identificarse con éxito los restos de Antonio Millán Cabrera y de Federico Gallega García. Los restos del guerrillero de Granada Joaquín Pérez Rodríguez, muerto en 1945, no aparecieron. Probablemente ―según supone el equipo técnico que llevó a cabo la exhumación― debido a que fueron afectados al producirse dos enterramientos posteriores en los años sesenta.

Al no haber podido ser localizados los familiares de Federico Gallega se procedió a volver a enterrar sus restos en un lugar del cementerio de Huélamo cedido por el Ayuntamiento.

Manuel Martínez pudo finalmente localizar a sus familiares, quienes en contacto con ARMH Cuenca iniciaron los trámites para el traslado de sus restos a su aldea natal, Jaraguas, donde fueron definitivamente enterrados el pasado domingo 3 de junio, aprovechando que ese día se cumplen 58 años de muerte.

Federico Gallega García dio su vida combatiendo por la libertad y la democracia. Es sabido que la historia la escriben los vencedores, pero es hora ya de dar paso a la voz de tantas víctimas hasta ahora anónimas, de ponerles nombre y reivindicar su legitimidad al lado del Gobierno republicano y, como no, de señalar la responsabilidad histórica que han tenido quienes desencadenaron la barbarie de la Guerra Civil y contribuyeron a prolongar dicha crueldad más allá de la victoria.

El entierro tuvo lugar el domingo 3 de junio a las 11 de la mañana en el cementerio de Jaraguas. Aunque la ceremonia fue familiar estaba invitado todo aquel que con su presencia quisiera rendir homenaje a la memoria de Federico.

BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA
Federico vino al mundo el 3 de marzo de 1901, en Jaraguas (Valencia).

En el momento del golpe de estado del 18 de julio de 1936 Federico tenía 35 años. Por edad no le correspondía ser llamado a filas ni luchar en el frente, pero por ideales decidió alistarse como voluntario en el Socorro Rojo Internacional (SRI). Fue secretario general de un grupo dependiente del comité provincial del SRI de Madrid llamado Leones Rojos. Este grupo era afecto a la 150 Brigada.

El 29 de abril de 1939 fue encarcelado y el 9 de agosto de ese año fue condenado en Consejo de Guerra celebrado en la plaza de Utiel a veinte años de reclusión menor, “como autor ― reza la sentencia ― de un delito de auxilio a la Rebelión”. En dicho simulacro de juicio también fueron condenados otros 13 paisanos de Jaraguas.

Pasó por las prisiones de Formentera y luego Aranjuez. Desde allí fue adscrito a la 4ª Agrupación de Colonias Penitenciarias Militarizadas, asentada en Añover de Tajo y encargada de la construcción del canal de Rosarito.

El 8 de enero de 1943 es puesto Federico en libertad condicional sin destierro y regresa a Jaraguas. Habían pasado 3 años 8 meses y 10 días desde que entró en prisión.

Cuando la Agrupación Guerrillera de Levante se establece por la comarca de Requena en octubre de 1945, formando el núcleo de lo que poco después constituiría el 5º Sector de dicha Asociación, Federico sería uno de sus puntos de apoyo y enlaces.

El 6 de septiembre de 1946 la Agrupación Guerrillera de Levante asalta el cuartel de la Guardia Civil de los Isidros. A resultas de este hecho la Guardia Civil realiza varias redadas en la comarca para detener e interrogar bajo tortura a todos los republicanos que con anterioridad habían sido encausados y encarcelados. Federico pudo escapar de una de estas redadas, incorporándose al 5º Sector de la Agrupación Guerrillera de Levante. A partir de entonces su nombre de guerrillero será “Eugenio” y combatirá junto a famosos guerrilleros como Emilio Cardona López, conocido por “Jalisco” y por “Moreno” (de Campo Arcís); Atilano Quintero Morales, conocido por “Tomás” y por “Cubano”; Manuel Montorio Gonzalvo, conocido por “Chaval” y Basiliso Serrano Valero, apodado “Fortuna” y también “Manco de La Pesquera”.

El 3 de junio de 1949 Federico moriría en combate en la Sierra de Valdeminguete, cerca de Huélamo (Cuenca).


www.lagavillaverde.org

9/7/07

La revista Triunfo en internet


Galicia en Triunfo.

En las décadas cruciales de 1960 y 70, la revista Triunfo encarnó las ideas y la cultura de la izquierda de nuestro país y fue símbolo de la resistencia intelectual al franquismo. Se dirigía a las mayorías y transitaba por senderos culturales para acoger las grandes corrientes del pensamiento europeo. Emprendió así un camino sin retorno con el propósito de atravesar aquella turbia época realizando un periodismo insobornable que restableciera la memoria histórica, arrancada a los españoles por la violenta agresión del fascismo.

En sus páginas escribían de forma fija y entre otros, Eduardo Haro Tecglen, Manuel Vázquez Moltalbán, Enrique Miret Magdalena, Luis Carandell, Ignacio Ramonet, Juan Cruz, Francisco Umbral ... , y ocasionalmente Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Eduardo Galeano, Pieri Rosi... Dibujaban Chúmy Chúmez, Ops... Yo ejercí de corresponsal en París. Todos estábamos bajo la dirección de José Angel Ezcurra.

Triunfo fue víctima de la cacareada Ley de Prensa e Imprenta del entonces ministro Manuel Fraga, que iba a suponer "el fin de la censura previa". Así fue, y con una prosa jurídica formalmente moderada se reformaba el Código Penal para radicalizar la represión hasta extremos fatales.

Galicia estuvo muy presente en Triunfo. De inmediato me viene a la memoria un artículo de Xosé Luís Méndez Ferrín sobre nuestro ser. Busco en www.triunfodigital.com y pongo mendez ferrin. Lo encuentro en el día 9 de diciembre de 1972, páginas 59-65. Xosé Luís tenía 34 años. Sus apreciaciones siguen válidas : "Veo a mi hijo de cuatro años en la playa de Coruxo. Juega a ayudar a los pescadores en la operación de varar una gamela, embarcación ancestral. Cada gesto de aquellos hombres es imitado por el niño que, sin saberlo, atraviesa miles de años hacia atrás, hacia un plano neolítico, como neolíticos son, quizá, el ancla de piedra, el carro, el hórreo, las brujas, los pesos en la cabeza, los fundamentales mitos colectivos. Descubrimos, con mirada alucinada, que la base cultural del campesino-pescador gallego está hecha de elementos neolíticos. Y el vértigo sobreviene al imaginar la trasmisión, la perduración de esos elementos a través de los siglos, de las culturas, de las etnias que se suceden sobre la piel del macizo gallego".

¿Continúa vigente, 35 años después, éste análisis de Xesús Sánchez Montero?: "Nunca hubo en Galicia tantos escritores dispuestos a escribir para el pueblo o con el pueblo o desde él; pues bien, el pueblo está, como lector ausente. Lo estuvo siempre, salvo exiguas excepciones. El pueblo que habla gallego, que sabe un buen gallego, no ha sido escolarizado en su lengua. El ciudadano gallego, analfabeto en su idioma, tartamudo en el otro y educado en la solapada subestimación hacia la lengua del país, sólo excepcionalmente se acerca a la letra impresa en gallego (en otras áreas idiomáticas el pueblo no consume literatura de arte, pero sí literatura de quiosco, género que no existe en gallego.

Otro sí: ¿Después de la aparición de Manuel Rivas, de Suso de Toro y otros, mantiene Perfecto Conde lo que dijera sobre la novela gallega?: "El precario desarrollo de la narrativa gallega sigue un camino difícil que no se sabe ciertamente a dónde va a parar. En realidad, el tan citado resurgir fue un renacimiento si se entiende aplicado a la poesía de Rosalía, Curros, Condal, Celso Emilio y algunos otros que alcanzaron cumbres que permanecerán en el tiempo".RAMÓN CHAO
21/02/2007 www.elpais.com







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(Tiempo de historia)

8/7/07

Exiliado del Fotolog.


Saliendo de la dictadura del Fotolog, espero poder continuar con el trabajo en esta república virtual.