1/10/07

La fiscalía pide un año de cárcel para un joven que izó una bandera republicana en un edificio público.




La fiscalía pide un año de cárcel para un joven que izó una bandera republicana en un edificio público.
Habría incurrido en los delitos de injurias a España y desorden público.

EFE - Madrid - 01/10/2007 19:34


El joven que escaló la fachada de un edificio público de Madrid y retiró la bandera de España para izar la republicana se enfrenta este jueves a una petición del fiscal de un año de cárcel, además del pago de una multa de 4.000 euros por los delitos de injurias a España y desórdenes públicos.

El juicio, según ha explicado el acusado, Jaume D'Urgell, se celebrará a las 11:30 en los juzgados de lo penal de Madrid, a cuyas puertas se ha convocado una concentración de solidaridad con el joven por parte de la Coordinadora de Organizaciones Republicanas de Madrid.

D'Urgell, acompañado por representantes de la Coordinadora de Organizaciones Republicanas de Madrid, ha ofrecido una rueda de prensa frente al Ateneo para denunciar "la escalada en la persecución de periodistas, medios de comunicación y personas que manifiestan sus ideas republicanas".

Durante una manifestación por una vivienda digna

Los actos por los que D'Urgell está procesado tuvieron lugar el 14 de mayo del año pasado durante una manifestación para reivindicar el derecho a una vivienda digna y un empleo de calidad.

El acusado, según su propio testimonio, escaló la fachada del edificio que alberga los Juzgados de lo Contencioso Administrativo, en la calle Gran Vía, para arriar la enseña nacional e izar, en su lugar, la republicana.

Yo también soy antimonárquico




Las protestas antimonárquicas se propagan.
Centenares de jóvenes se manifiestan y queman fotografías del Rey en Barcelona, Lleida y Manresa.

PÚBLICO - 30/09/2007 21:35


Las protestas en apoyo a los dos jóvenes imputados por un presunto delito de injurias a la Corona por quemar fotografías del Rey se extienden por el territorio catalán. Centenares de jóvenes se manifestaron ayer en Barcelona, Manresa y Lleida.

Unas 500 personas, miebros de colectivos antisistema, se concentraron en pleno centro de Barcelona, bajo la vigilancia de un fuerte dispositivo policial. Jaume Roure, el primer detenido por quemar una foto del Rey en Girona, participó en la protesta. El joven animó a los asistentes a organizar nuevas concentraciones "en solidaridad con los movimientos sociales".

Los Mossos d'Esquadra impidieron el paso a los manifestantes por las calles del centro al considerar ilegal la protesta, ya que no había sido comunicada a las autoridades. Hubo algunas escenas de tensión. "Libertad de expresión, policía no", gritaron los concentrados, que defendieron "el derecho a la libre manifestación".

En Lleida, un centenar de personas protestaron por la actuación de la Audiencia Nacional y en contra de la monarquía. En Manresa, otros 50 jóvenes quemaron al mediodía fotocopias con la imagen del monarca. El colectivo portó pancartas en las que se podía leer: "Yo también soy antimonárquico".

27/9/07

"Se declara derogado el Bando de Guerra de 28 de junio de 1936..."


TEXTO DE REFERENCIA: LAS MODIFICACIONES A LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA
"Se declara derogado el Bando de Guerra de 28 de junio de 1936..."

El último texto del proyecto de Ley de la Memoria Histórica remitido por el Grupo Socialista a los partidos con los que negocia un posible acuerdo recoge modificaciones sobre el aprobado en Consejo de Ministros. Son las que siguen:

- Exposición de motivos. Condena al franquismo. (...) El 20 de noviembre de 2002 la Comisión Constitucional del Congreso aprobó por unanimidad una proposición de ley que (...) reiteraba que "nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos", y (...) en el Informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa firmado en París el 17 de marzo de 2006 se denunciaron las graves violaciones de derechos humanos cometidas en España por el régimen político establecido tras la Guerra Civil, entre los años 1939 y 1975. [Este texto es nuevo, aunque IU-ICV pide una condena explícita, no la referencia a otras condenas].

- Reconocimiento a los perseguidos por sus creencias religiosas.

Artículo 1.1. La presente ley tiene por objeto reconocer y ampliar derechos de quienes padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa [esto último añadido por CiU], durante la Guerra Civil y la dictadura, promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal y familiar, y adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre ciudadanos.

- Ilegitimidad de los tribunales durante la Guerra Civil.

Artículo 3. 1. Se declara la ilegitimidad de los tribunales y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido para imponer, por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la de sus resoluciones. [Se elimina la referencia "cualquiera que fuera el bando o la zona en la que se encontraran quienes las padecieron"].

2. Por ser contrarios a derecho y vulnerar las más elementales exigencias del derecho a un juicio justo, se declara en todo caso la ilegitimidad, por vicios de forma y fondo, del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Orden Público, así como todos los tribunales de responsabilidades políticas y Consejos de Guerra realizados por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 2.

- Acciones ante los tribunales de justicia.

Este derecho es plenamente compatible con los demás derechos y medidas reparadoras reconocidas en normas anteriores, así como con el ejercicio de las acciones a que hubiere lugar ante los tribunales de justicia.

- Símbolos franquistas en edificios municipales y autonómicos. El Gobierno colaborará con las comunidades autónomas y las entidades locales en la elaboración de un catálogo de vestigios relativos a la Guerra Civil y la dictadura a los efectos previstos en el apartado anterior (retirada de símbolos en órganos estatales). [La ley que presentó el Gobierno no hacía mención a los ayuntamientos y sólo se obligaba a la Administración central a retirar los símbolos].

- Derogadas las leyes de represión franquista. Se declaran derogados el Bando de Guerra de 28 de junio de 1936 de la Junta de Defensa Nacional aprobado por Decreto número 79, el Bando de 31 de agosto de 1936 y, especialmente, el Decreto del general Franco, número 55, de 1 de noviembre de 1936: las Leyes de Seguridad del Estado, de 12 de julio de 1940 y 29 de marzo de 1941, de reforma del Código penal de los delitos contra la seguridad del Estado; la Ley de 2 de marzo de 1943 de modificación del delito de Rebelión Militar; el Decreto-Ley de 18 de abril de 1947, sobre Rebelión militar y bandidaje y terrorismo, y las Leyes 42/1971 y 44/1971 de reforma del Código de Justicia Militar, las Leyes de 9 de febrero de 1939 y la de 19 de febrero de 1942 sobre responsabilidades políticas y la ley de 1 de marzo de 1940 sobre represión de la masonería y el comunismo.

EL PAÍS - Madrid - 27/09/2007

Texto íntegro del proyecto de ley

FOTO: Excavación de una fosa común con fusilados en la Guerra Civil cerca de Lerma (Burgos). EFE - 27/09/2007

26/9/07

Arte para desenterrar la memoria


Francesc Torres presenta en Nueva York una instalación y un libro con fotografías y documentación de la exhumación de una fosa de la Guerra Civil en Burgos.

Confiesa que su empeñó es ganar la Guerra Civil. No con sangre, claro, sino desenterrando los cuerpos de los que perdieron entonces para restituirles la memoria y la razón. Francesc Torres (Barcelona, 1948) lleva años trabajando en proyectos en los que arte y política se entrelazan de manera delicada.

En esta ocasión, la dificultad ha sido aún mayor ya que su empeño en documentar la exhumación de una fosa de la Guerra Civil en el marco de un proyecto "artístico" tuvo que sortear múltiples obstáculos -no consiguió los permisos en Cataluña- hasta que finalmente pudo llevarse a cabo. Todo el proceso y el porqué de su empeño se explica con detalle en el libro Oscura es la habitación donde dormimos (Actar), en el que documenta la exhumación de una fosa con 46 republicanos asesinados por falangistas en el pueblo de Villamayor de los Montes (Burgos), que incluye fotografías del proceso de exhumación y del posterior entierro de los restos, testimonios de los vecinos, el informe forense y otros documentos como la escalofriante lista con el nombre y edad de los muertos, tres de los cuales están sin identificar.

El material, en formato de proyecciones, es la base también de una instalación con el mismo título del libro que hoy se inaugura en el International Center of Photography de Nueva York, en el marco de todo un programa de actos que incluye otras tres exposiciones relacionadas con la Guerra Civil española de Robert Capa, Gerda Taro y el grafismo de la República.

"Me alegro de enseñar las imágenes de la fosa en este contexto porque en cierta manera cierra el ciclo de lo que muestran las otras fotografías de Capa y Taro", comenta Torres, consciente de que era muy delicado exhibir sus imágenes en un espacio museístico en el que podría ser acusado de utilizar material sensible para fines puramente estéticos. "Mi objetivo aquí ha sido intentar reducir a cero la distancia entre mis intereses como ciudadano y mis intereses como artista", añade. "La única manera de abordar este material con una carga emocional tan fuerte era intentando de hacerlo mío para mostrar una historia que no se podía explicar de otra manera". La excavación, naturalmente, la realizaron arqueólogos y técnicos de otras disciplinas con el apoyo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y el artista, además de aportar parte del presupuesto para sacarla adelante, gracias a las ayudas que había recibido de dos fundaciones americanas, se limitó, según indica, a situarse como observador y documentar todo el proceso. "Las imágenes tienen un sentido estético, pero no el sentido de bonito sino de ético. Creo que el arte funciona a veces a un nivel distinto al de otros lenguajes porque el tipo de reacción y la respuesta emocional que provocas es difícil de conseguir de otra manera. Lo complicado es conseguir el equilibrio".

"Mi interés era más político que otra cosa", añade. "Creo que la recuperación de la memoria histórica y la exhumación de las víctimas es una asignatura de mucho calibre que tenemos pendiente y que otros países con conflictos más recientes han sabido resolver. Hace 70 años de la Guerra Civil y no hemos sido capaces de solucionar este tema; realmente parece increíble que haya tantas dificultades para hacerlo". En el texto que abre el libro, realmente un documento desgarrador y al tiempo emocionante de lo que supone abrir una fosa, Torres dispara contra la "hipocresía oficial" con respecto a la historia de los políticos y de gran parte de la sociedad española, aún temerosa y cobarde, dice, a la hora de enfrentarse al pasado.

Acostumbrado a trabajar en el más politizado ambiente del arte conceptual de Estados Unidos, en donde ha residido durante muchos años, Torres tampoco está muy satisfecho del contexto cultural español. "Estoy muy descorazonado por el nivel de capacidad crítica y de la falta de riesgo ideológico en el mundo del arte", añade. "Ahora parece como si el siglo XX no hubiera existido y sólo se espera de los artistas que decoren los espacios de poder, sea económico o político. Durante el pasado siglo el arte quería intervenir en la historia, pero ya ha desistido. Esto es lo que me provoca cierta angustia y asco intelecutal y por lo que decidí involucrarme a fondo en este proyecto".

CATALINA SERRA - Barcelona - 26/09/2007 El Pais.

24/9/07

Cuando Ana miró dentro de la fosa



Dos mujeres recuerdan cómo marcó su niñez el fusilamiento en la Guerra Civil de sus familiares, exhumados ahora.

"Vi un montón de piedras de las que sobresalían brazos, piernas...", recuerda Ana

San Valentín es desde hace 70 años una fecha de infausto recuerdo en Villanueva del Rosario (Málaga). La madrugada del 14 de febrero de 1937, en una cuneta, un hombre llamado José, o Lucas, tal vez Antonio, recibió al menos cuatro impactos de bala. Uno le fracturó el fémur; otro la tibia. Dos se quedaron alojados en la espalda. Su cuerpo rodó desde una altura de tres metros hasta que cayó en una fosa. Apenas había espacio para tres personas, pero los verdugos depositaron allí 11 cadáveres. La exhumación de sus restos, que se inició el pasado día 15 y se ha completado este fin de semana, ha mostrado el ensañamiento de aquellos falangistas que ametrallaron a diez militantes de UGT y al dueño de una cooperativa del pueblo vecino.

La aparición de huesos en posiciones imposibles hizo pensar a los arqueólogos, a mitad de la semana pasada, que había más de 11 cuerpos. "Creemos que después de que cayesen los empujaron hasta que cupiesen todos en la fosa; hay huesos con síntomas de haber sido aplastados", explica uno de los arqueólogos del equipo de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, que ha trabajado en la exhumación. Todos coinciden en que de la exhumación se puede deducir la actitud de desprecio hacia aquellas personas: "Lo importante era meterlos, daba igual cómo".

Imaginar esta sangrienta escena es duro. Pero más lo es recordarla. Ana González, de 78 años, pasó a la mañana siguiente por el camino que separa su pueblo de la localidad de Villanueva del Trabuco. Sabía que algo malo se iba a encontrar pues había oído cómo su madre advertía a su abuela: "Ni se te ocurra llevar por el puente a la niña". Pero algo le decía a la anciana que en aquella fosa estaba su hijo Francisco, que, como los otros diez muertos, llevaban una semana encerrados en el Ayuntamiento a la espera de un supuesto juicio.

Cuando llegaron al viejo puente, la abuela se quedó parada. Necesitaba la confirmación de su presagio pero tenía miedo a que alguien del pueblo la viese husmeando. Así que se vio obligada a echar mano de su nieta.

-"Anda, hija, acércate y mira a ver qué hay ahí".

-"No quiero, tengo miedo", recuerda Ana que le respondió.

La abuela le prometió que al llegar al Trabuco le compraría unas alpargatas. Lo que para muchos puede ser un detalle insignificante para Ana fue un estímulo. "Iba a ser mi primer calzado", rememora con una sonrisa entrañable de oreja a oreja. Su gesto cambia cuando se le pregunta por lo que vio al asomarse a la cuneta. Agacha la cabeza y con voz baja, relata: "Un montón de piedras puestas de cualquier manera de la que sobresalían brazos, piernas, un cinturón..., algo terrible para cualquier persona, pero más para una niña".

Ana, aturdida por la escena, se apartó y empezó a vomitar. "Vente, vente que nos vamos", recuerda que le gritó su abuela. Al volver, por la tarde, a Villanueva del Rosario, la abuela llevó a Ana a distintas casas para que contase lo que había visto. "Con el tiempo me he dado cuenta de que me utilizó para que confirmase los peores presagios porque ella tenía miedo; no la guardo rencor, ella sabía que a una niña no la iban a hacer nada".

Ana repitió la cantinela en unas cuantas casas hasta que en una dio en el clavo. "¿Dices que has visto una camisa azul? Ay, tiene que ser la de mi hijo José". Es lo único que le pudo decir aquella vecina antes de romper a llorar.

Aquella señora a la que Ana había desvelado la fatal noticia era la abuela de Josefa Ortiz, una mujer que rebosa energía a sus 73 años. Su padre, el hombre de la camisa azul, y su tío, yacen en la fosa de Villanueva del Rosario. Josefa sólo tenía dos años cuando empezó a palpar el dolor en su casa. Habían pasado pocos días del fusilamiento cuando empezó una triste rutina nocturna: "Le pedía a mi familia que no cerrasen la puerta de la casa ni del corral porque mi padre tenía que volver y yo quería verlo". La confusión le acompañó toda su niñez, especialmente aquel año 1937. Su padre no volvía y a ella le cambiaban los hábitos. Los vestidos floridos, que tanto le gustaban a su padre, se los tiñeron de negro. Hasta que cayó enferma y el médico exigió que volviesen a su colorido original.

Como si fuese posible orillar la muerte por un tiempo, a Josefa le cuesta asimilar que su padre, al que apenas llegó a conocer, falleció hace 70 años. "Hasta que no me entreguen sus huesos, hasta que no pueda enterrarlo en un lugar a donde pueda llevarle flores no me haré a la idea por completo". Hay otro elemento además que mantiene viva esa utopía. Hace sólo tres años que Josefa aprendió a leer y a escribir. Desde entonces, cuenta con lágrimas en los ojos, no para de mandar cartas a su padre, "cartas al aire".

No contenta con eso, pretende escribir un libro sobre su niñez en la posguerra para regalárselo a sus nietos. Lo tiene bastante avanzado. Uno de sus profesores al leer alguno de los relatos, le regaló un piropo: "Nunca me imaginaba los sentimientos que un niño podía tener dentro".

El pasado sábado, por primera vez, Josefa y Ana no pudieron acudir a la supervisión de los trabajos desde que empezó la exhumación. Había llovido intensamente durante la madrugada y el terreno donde está la fosa era un auténtico barrizal. Sentadas en el porche del hostal donde se aloja Josefa, charlaban, aunque se notaba que les faltaba algo. Cuando alguna de las dos trataba de hablar de un tema que no tuviese relación con la fosa, la otra rápidamente le cortaba con una anécdota.

En una de estas historias, Ana explicaba cómo iba por el pueblo pidiendo algo de comer y dependiendo de con quién se topara, recibía una respuesta: "Eso que te lo den los fascistas; eso que te lo den los rojos". Ella volvía siempre a casa con la misma pregunta: "¿Qué son los fascistas? ¿Qué son los rojos?". Nadie se lo explicaba. "¿Pero no se daban cuenta de que un niño era incapaz de entender lo que estaba pasando?", se pregunta Ana, 70 años después.

JAVIER LAFUENTE - Villanueva del Rosario - 24/09/2007 El Pais.

24/8/07

SETENTA AÑOS EN BUSCA DE UN ESQUELETO CON RELOJ



La apertura de cuatro fosas de la Guerra Civil con casi 90 cuerpos en Lerma (Burgos) despierta la ilusión de decenas de familias.

NATALIA JUNQUERA - Lerma - 24/08/2007 El Pais.com

"Creemos que esto no ha de durar ya mucho y por tanto enseguida seremos puestos en libertad", escribió Juan Marcelino Maciá García, guarda del patronato nacional de turismo de Aranda, en una carta a su familia el 24 de agosto de 1936. Murió al día siguiente, asesinado con otros 28 republicanos, entre ellos, el alcalde y cinco concejales de Aranda de Duero. Ayer, Susana, nieta de Juan Marcelino, observaba los botones de la chaqueta de su uniforme, grabados con el escudo del parador, enterrados a 70 centímetros de profundidad entre los huesos de 29 personas que compartían 10,5 metros de largo por 1,30 de ancho, las medidas de la cuarta fosa que se abre en el monte de La Andaya, en Lerma (Burgos) en menos de un año. "Estamos muy ilusionados porque está claro que es él. Es una lástima que mi padre se lo esté perdiendo. Murió hace seis años".

Han venido desde Madrid hasta Lerma para verlo con sus propios ojos. Alrededor de esta cuarta fosa, decenas de personas envidian su suerte, como Alejandro Abascal, de 90 años. O como Ampelio Antón, de 75, que lleva toda su vida buscando un esqueleto con un reloj, el de su padre. Ampelio tenía sólo cuatro años y medio pero recuerda que lo llevaba cuando vinieron a buscarle. El año pasado, en una de las tres fosas que el equipo del forense Francisco Etxeberría exhumó en La Andaya, apareció un reloj: "Lo tuve en la mano, era precioso. Pensé de verdad que le había encontrado, pero todos los esqueletos están ya adjudicados. No es él. Tiene que estar en esta".

Ampelio ha llegado a esta nueva fosa con una sonrisa enorme porque había aparecido otro esqueleto con un reloj pero se va a casa incapaz de disimular su decepción. Etxeberria le explica que pertenece al mismo cuerpo que tiene los botones del uniforme, así que pertenece al guardia. Ampelio asegura que necesita "cerrar la herida" y olvidar. Afirma que recuerda perfectamente el día que se llevaron a su padre -"los golpes en la puerta, los gritos de mi madre, los susurros y las blasfemias en casa de mi abuela"-, incluso algunos instantes anteriores -"los juegos amorosos de mis padres, el colegio con mis hermanas..."- y el día siguiente a la desaparición: "Mi madre me vistió de luto. Tiñó uno por uno todos los topos blancos de una tela". Justo después, tiene un blanco. "Creo que pasé un año y medio sin darme cuenta de que yo seguía viviendo", afirma.

Mientras exhuman esta nueva fosa, el equipo de Etxeberria está haciendo las pruebas de ADN de los 56 cuerpos hallados en las tres del año pasado. Han empezado por el grupo de una saca del 11 de septiembre de 1936, donde posiblemente esté el abuelo de Mariví Ramos, vecina de Villafruela. "Ya nos han tomado las muestras. Hemos pedido que empezaran por nosotros porque mi padre está muy enfermo. Cuando era pequeño, le dijeron que había visto cómo enterraban a su padre, mi abuelo, aquí, y desde entonces, iba todas las tardes a sentarse en la tierra y dejar unas flores. Para él es muy importante encontrarlo, enterrarlo en el cementerio y escribir su nombre en algún sitio", cuenta Mariví.

Ampelio estuvo hace poco en el cementerio en un homenaje a los republicanos de la fosa de Villamayor de los Montes. "Siete personas no fueron a recoger a sus muertos. Yo eso no lo entiendo. Al final llevé uno yo. Ojalá hubiese sido mi padre", insiste. Convertidos en cómplices, la mayoría se alegra cuando otra persona encuentra a su ser querido y sigue participando en exhumaciones una vez que ha dado con su familiar. Es lo que más ha impresionado a Guillermo Fouce, miembro de Psicólogos sin Fronteras, que trabajó en el 11-M o la tragedia de Beslán (Osetia, Rusia), y que desde hace dos años, acompaña a los familiares en las exhumaciones. "Nunca veo odio, rencor o ira. No me cabe duda de que esto va de cerrar heridas, no de reabrirlas", afirma.

A las 19 horas, como un ritual, Etxeberría resume el día de trabajo sobre la fosa. Primero cuentan los cráneos: "¡29!". Luego, los objetos encontrados: "casquillos y balas de pistola, uno de fusil, una cartera, un peine, varias cucharas, un reloj de pulsera, lápices...". Finalmente, las lesiones o defectos que han podido observar en los huesos, convertidas ahora en valiosísimas pistas para la identificación: una cojera, un braguero de una hernia inguinal...

"Para mí, lo peor de todo es pensar que si mataron a 30, unos tuvieron que morir de primeros y otros de últimos, es decir, que alguno vio morir a los demás, y esperó su turno durante unos segundos", concluye Etxeberria.

23/7/07

Los Franco obstaculizan la protección del pazo de Meirás




Franco saluda al infante don Felipe de Borbón en el Pazo de Medirás, en el mes de agosto de 1975.



PAOLA OBELLEIRO - A Coruña - 23/07/2007 El Pais.com

De refugio de una de las grandes de las letras españolas, la coruñesa Emilia Pardo Bazán, a escenario de la dictadura, como residencia veraniega de Francisco Franco, el pazo de Meirás, en Sada, forma parte de la memoria de Galicia. Propiedad de los herederos del caudillo, quien lo recibió en 1939 "por obsequio del pueblo de A Coruña", el castillo, en una finca de más de seis hectáreas, está cerrado a cal y canto. La Xunta quiere declararlo Bien de Interés Cultural (BIC), pero la familia Franco se resiste.

Los trámites se iniciaron hace un año a iniciativa del BNG, pero la familia, hoy encabezada por la hija del general, Carmen Franco Polo, ha dado largas a las peticiones de los técnicos para visitar la propiedad y determinar su estado, un trámite imprescindible para la declaración BIC, que obligaría a abrir al público el pazo un mínimo de cuatro días al mes. Implicaría también adoptar medidas de protección y otorgaría a la Administración una posición preferente si la propiedad se pusiera a la venta. El plazo legal para resolverlo se cumplirá en noviembre.

En la aldea de Meirás, mentar el proceso de "donación" del pazo es aún hoy un tema tabú. Muchas familias fueron obligadas a la venta forzosa de sus fincas -incluso sin compensación económica- para duplicar la propiedad.